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Fernando Tetes: «Pendota fue el más grande del parodismo y el artista más increíble que vi sobre un tablado»

Por Fernando Tetes
Foto: Rafael Hernández

Cómo explicar la tristeza por la muerte de Miguen Meneses, si fue el más grande de la historia del parodismo y el artista más increíble que vi sobre un tablado. Me acompañó desde niño, cuando iba al Expreso, pero sobre todo cuando fui creciendo y compartiendo mis veranos gozando con él.
Sin embargo, la vida me tenía deparada una sorpresa. Su madre y mi padre eran amigos.
En la distribuidora de revistas de la calle Blanes, cuando de adolescente le caíamos de visita con mi viejo yo me hacía el que revisaba las Billiken y las Gente, pero miraba por primera vez las Playboy, escondido entre los atados listos para distribuir.
Crecí con él en el escenario y lo conocí abajo.
Una delicia de persona. Y la vida volvió a cruzarnos fuera de las tablas, porque se mudó acá enfrente de mi casa, desde donde ahora escribo lleno de lágrimas.
Siempre por ir a visitarlo un rato más, la ingratitud de la velocidad lo iba postergando.
Antes nos cruzábamos más, después menos, al final nunca.
Fue uno de mis entrevistados en el libro Si te digo Carnaval, y hablamos de historias preciosas, con esa mirada mezcla de picardía, ternura y tristeza, pero siempre lúcido.
Recordando las patadas en el culo de su compañera antes de salir para el concurso: “A veces me decía me tenés harta con la parodia, pero siempre me pegaba una patada en el traste para la suerte el día del concurso. Pará, no te vayas que no te saludé, me decía, y pumba. Juntos repasábamos la letra, ensayábamos en casa, y me segundeaba, y cuando la operaron de la vista, le pedía a los guionistas que le imprimieran más grande la letra”.
Varias veces me crucé con ambos en esos sillones, con los trofeos un poco más allá, en la otra pared.
“Yo hago lo que venga, dama, humor, lo que sea. Un dije le dije a Cacho Denis, ¿querés que te haga de segundo, que te levante los centros?. No tengo drama. Y él me dijo, mira que yo tampoco. Se trata de compañerismo cuando se va a convivir tres o cuatro meses”, me contaba.
Hablábamos de carnaval, de amor, de humor, de la vida, de nuestros padres, de lustrar muebles, de oficios que desaparecían, de jubilaciones indignas, y otra vez de carnaval, y otra vez de la vida.
“Trabajé en Soler, en el London Paris, porque mi madre me decía que buscara un trabajo donde estuviera bien vestido, pero igual seguí con el oficio de lustrador de muebles más de 50 años”, me contó.
Murió Miguel Meneses. Pendota es inmortal, aunque los llore a ambos.