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Facundo Balta, hijo de dos candomberos de ley, abre su camino componiendo para Integración

A los 16 años tendrá la responsabilidad de elaborar las músicas en la comparsa palermitana. Su trayectoria se completa con amplios destaques en Promesas, donde ganó la mejor voz de su categoría y del carnaval.

Por Guzmán Ramos

Creció en los ensayos de las distintas comparsas por las que desfilaron sus padres, Charo Martínez y Gustavo Balta. Por eso, a nadie le extrañó que, desde muy niño, Facundo Balta desarrollara un intenso vínculo con la música.
Lo que a priori no estaba en los planes era que ese vínculo se volviera indisoluble y, en principio, se proyecte para toda la vida.
Y más impensado aún es que a los 16 años le llegue la primera propuesta para componer las músicas de la comparsa Integración, en cuyo repertorio trabaja junto a Charo, que será una de las encargadas de los textos.
«Siento un tremendo placer por hacer esto junto a mi madre, que es el amor de mi vida y que ha compartido la cultura conmigo desde muy chico», expresó Facundo a Calle Febrero.
Añadió que el disfrute es por partida doble: «por la oportunidad de componer y por volver a los tiempos de tablado con mis padres», cuyas opiniones y consejos significan «la unión perfecta en música», agregó.

JUVENTUD Y MÚSICA
Es posible que Facundo Balta aún sea un nombre desconocido en el circuito del carnaval mayor
Sin embargo, en Promesas ya dejó su marca, ganando la menciónes como mejor voz de revistas y del Concurso.
Ahora participa en la revista Saphirus, con la que obtuvo el primer premio en 2017 y fue convocado por la revista Zodíaco para realizar los arreglos corales, dos proyectos que ocupan buena parte de sus horarios que, desbordantes de música, complementa cursando el quinto año en la Escuela Nacional de Música, en la que auditó en 2013 en trompeta.
Pero ese instrumento no es el único de su especialidad.
Influenciado por sus padres, aprendió piano de los 4 a los 7 años, guitarra años más tarde y luego percusión, que es otra de sus marcas de orillo.
En 2015 fue invitado para tocar en la Orquesta Juvenil del Sodre y ahora integra su elenco estable. También está vinculado a distintos proyectos independientes con su grupo de amigos, como si esa muestra fuera necesaria para asegurar que la música representa el eje de su vida.

ORGULLO”
Pero además del rápido reconocimiento artístico, los logros de Facundo enorgullecen a sus padres, que así lo hicieron saber a Calle Febrero.
“Mi hijo ahora compone para una comparsa”, dijo Gustavo, un experto letrista y compositor, autor de varios discos y con una carrera en el candombe y la salsa que trascendió fronteras.
Entre otros repertorios, el artista fue el creador del recordado espectáculo de Tronar de Tambores de 2004, uno de los más elogiados de la categoría en este siglo.
“Orgullo es poco: es un ser maravilloso que me sorprende y asombra todo el tiempo”, dijo, por su parte, Charo, tras indicar dos señales de identidad del joven creativo: exigencia y responsabilidad.
“Es un adolescente que puede salir una noche con sus amigos, pero al otro día, si hay un ensayo marcado, no hay chance para otra prioridad”, sostuvo, tras añadir que “nunca imaginó” que su hijo se transformara en un “gran fanático del carnaval”.
«Cada vez que lo veo actuar me pasan todas las fotografías de su vida», añadió la madre del joven músico, cuya carrera candombera se nutre con participaciones en múltiples agrupaciones.

LA ANÉCDOTA: UN TEATRO DE VERANO VIBRÓ CON UNA GUITARRA ROTA
Las virtudes técnicas son indispensables en la vida de cualquier músico.
Sin embargo, un toque en vivo demanda otras cualidades indispensables, tales como el carisma y la generación de confianza de sus compañeros.
Y eso fue lo que Facundo demostró el año pasado, cuando en plena actuación de la revista Saphirus, una guitarra dejó de enviar la señal sonora a la consola y el joven músico debió salir del paso, interpretando su tema a capela.
El hecho amenazó con tirar abajo uno de los principales cuadros de la propuesta, pero su soltura salvó la situación “y logró una perfecta comunión con el cuerpo de baile”, que no tenía la guía del golpe musical, pero que pudo seguir el ritmo del tema apoyado en la gestualidad y la marcación que Facundo realizó con precisión milimétrica.