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Nacho Alonso formula dura crítica a Daecpu y la Intendencia por la gestión estructural del carnaval y hace un llamado político para que la comuna «baraje y dé de nuevo» en la organización

En el marco de la crisis del Covid 19, Calle Febrero invitó a un conjunto de personalidades destacadas de los ámbitos artístico, sindical, empresarial, institucional y de los medios de comunicación a brindar una opinión sobre el futuro carnaval. El objetivo es alentar una discusión colectiva que permita pensar, en conjunto, la coyuntura del carnaval en un corto y mediano plazo.
Las invitaciones a los participantes son a título personal, pero reconociendo en cada una de ellos sus pertenencias y a sus distintos ámbitos. En el caso de Nacho, como integrante y referente de La Mojigata y como miembro del Sucau.

Por Ignacio Alonso

Me piden de Calle Febrero que escriba algo con ideas, propuestas o alternativas para la realización del carnaval 2021 en este contexto de pandemia.

Agradezco la invitación. Está bueno siempre buscar salidas escuchándose entre las distintas partes que participan y sostienen una actividad determinada.
Un poco impregnado por lo que venimos tratando de hacer en el carnaval, junto con más gente, lo que voy a escribir va a estar lejos de un “de esta salimos entre todos”, o “hay que buscar esfuerzos mancomunados”. Eso, hoy, en el carnaval, es un objetivo en sí mismo, y ese discurso, con todo respeto, por el contexto, es por lo menos ingenuo, o arribista.
Para llegar a una mancomunión y esas cosas, creo que tenemos que ver dónde estamos parados, de donde partimos, y quién o quiénes están en qué lados.
De eso trataré de hablar.
No para echar leña al fuego, ni para llover sobre mojado, si no para intentar poner las cosas en su lugar, para después sí, tomar la pandemia como un problema y un obstáculo en común que entre todos y todas debamos superar.
Del carnaval oficial, co-organizado entre la intendencia y Daecpu se puede decir que su estructura o su forma de organización es una privatización de hecho (o una PPP). (N.de R: PPP significa Participación Público Privada).
No sé, o no se sabe bien exactamente con qué nombre se describe o se define la asociación, o el convenio o lo que sea, que hace que Daecpu pueda hacer prácticamente lo que quiera con el carnaval con el aval de la Intendencia.
Aclaro qué, como esto no intenta ser una nota periodística hay inexactitudes en cuanto a las cosas reglamentarias y administrativas que no va a dar para comprobarlas: se puede creer o no.
De todos modos aseguro sí, que si uno trata de meter un poco las narices en la organización del carnaval, la cantidad de inexactitudes y cabos sueltos, o cosas que no se saben de donde salieron, ni quién las aprueba o de quién depende su renovación, son un montón.
Y parte del lío en el que creo yo que estamos metidos, tiene que ver con eso.
Daecpu nace, según parece, con el noble fin de nuclear a los conjuntos, o a sus directores, para regular, y hacerse fuertes frente a la Intendencia de la década del 50, por el tema de los premios.
Y vaya si se ha hecho fuerte. La fuerza ha sido una de sus principales características (La de la Unión y la de La Teja).
El tema es que, a lo largo de estos años, por su fuerza demoledora, por desidia de las sucesivas autoridades de la Intendencia, por no saber, ni preocuparse, qué hacer con el carnaval, o por amiguismos y favores, esta institución se fue quedando con la mayoría de las decisiones y con el monopolio exclusivo de la organización de la fiesta oficial.
En la actual Intendencia la cosa no pasa tanto por desidia si no por miedo al costo político.
O miedo a secas. Liso y llano.
Es obligatorio y excluyente tener un socio de Daecpu para tener un conjunto en el carnaval oficial, es una regla de la intendencia, o es una regla que Daecpu le hace cumplir a la Intendencia, o la Intendencia le exige a los conjuntos…
Bueno, no se sabe muy bien, pero es así y punto.

Cuando digo Daecpu más que nada me refiero a sus distintas directivas y sus tejes y manejes, porque la mayoría de sus asociados flotamos de carnaval en carnaval preocupados por los conjuntos y sus costos, en asambleas viciadísimas de nulidad o apócrifas, dejándonos manipular, y obligados a pertenecer para estar, por esos actos administrativos que solo Dios Momo sabe cuándo y cómo se realizan.
Los directores de carnaval (únicos posibles interlocutores con la Intendencia para la organización del carnaval) serán, los más activos, alrededor de 100 personas, pero la mayoría de las decisiones, por reglamento interno las toman en la directiva que son 8 o 9, más o menos.
La cuestión es que Daecpu ha generado a lo largo del tiempo unas férreas normas para participar y un proteccionismo                económico y comercial a favor de sus arcas digno de las economías más potentes del mundo.
Es más probable que un joven o una joven de 18 o 20 años sin mucha formación artística o sin contactos pertinentes, puedan ingresar a trabajar a Estados Unidos sin Visa antes que participar del Carnaval oficial con su barra de amigos y amigas.
Para que no digan que flecho la cancha, les aseguro también que si un grupo de veteranos carnavaleros quieren sacar su conjunto propio sin ayuda de jóvenes que le aggiornen el repertorio, seguramente queden por el camino, más allá del discurso de admiración y respeto por los carnavaleros de antes.

 

La democracia y la libertad son dos palabras que se cantan solo arriba del tablado.
Por supuesto que Daecpu no es únicamente generadora de todos los males del carnaval.
También ha realizado muchas cosas positivas, por esa fuerza característica y por su composición.
Pero las cosas buenas las ha realizado por ser la única institución a la que se le ha permitido.     El problema no es su existencia, si no su poder desmedido, y la inercia de ponerse a la defensiva ante cualquier mínimo cambio propuesto, con un certero codazo en la cara para quién lo intente, para mantenerse sin alteraciones.
Como muestra, basta decir que el contrato de televisión nadie jamás tuvo la posibilidad de verlo, nunca.
Lo renueva únicamente la directiva, que tira números a la bartola (incluso en las asambleas), y si alguien intenta averiguar qué pasa con la diferencia de dinero que existe entre lo que se dice que entra (que no está documentado) y lo que se reparte (que sí), se le dice que es para gastos de la casa (que es muy linda, vale aclarar), o se lo invita a retirarse amablemente de la asamblea.
Para mí, es un negocio, por lo menos raro. (A propósito me imagino como deben estar frotándose las manos los de la tele con un carnaval con medidas de aislamiento, o prueba de admisión a puertas cerradas, van a transmitir 24 horas de corrido por 500 dólares más).             Hace dos años todos escuchamos unos audios filtrados, donde el ex ex gerente hablaba sobre negocios turbios, involucraba a otros socios, nombraba empresas y más gente.
Nada se movió. Lo único que sucedió fue que se desvinculó al gerente.
La Intendencia balconea todo. La ve pasar.
Cuando se habla de la Intendencia, recordemos que son funcionarios, muchos de ellos políticos y/o gestores con cargos designados por dirigentes elegidos democráticamente.
Generalmente, cargos políticos designados por el partido que la gobierna hace 30 años: nuestro querido FA.
Desde que el Frente gobierna la Intendencia, se han generado un montón de políticas culturales, participativas para la mayoría de los barrios de Montevideo.
Muchas de estas con los elementos carnavaleros como la murga y el candombe como buques insignia, pero con el carnaval oficial no se ha metido.
Es verdad que a veces, algún mando medio intenta generar algún mínimo cambio o apertura democrática, pero esto va hasta que de arriba dicen “hasta ahí”.
Por su fuerza, Daecpu llega antes al intendente de turno que sus subordinados, elegidos para la tarea de lidiar con el carnaval.
También llega al Poder Ejecutivo nacional, si es necesario.
La Intendencia financia 16 de los 20 tablados que hay en Montevideo (de las mejores políticas de auto gestión, comunidad pone plata para el desfile y su logística, luces, inspectores, paga los jurados del desfile, las llamadas y el concurso, pone el Teatro de Verano gratis (aunque Daecpu dice que no, alguien miente).
Daecpu usufructúa, comercialmente, todo, sin rendirle absolutamente ni una cuenta.

Increíblemente en Daecpu dicen que la Intendencia no les dan nada. ¿Ehhh?
Sí, ya sé: es flor de embole la política del carnaval, pero es que, por no meterse con este tema, por considerarlo por fuera de “la fiesta” es que estamos como estamos.
Esto es política, y se resuelve con la misma.
La política no está solo en la relación de las murgas y sus cuplés pro o anti Frente.          Cuántas veces tuve que escribir Daecpu, ¿no?, Bueno, eso.
En carnaval hemos alimentado, construido, y crecido con la imagen del mafioso-buena gente, con el “bandido” que si te palmea la espalda con una guiñada te da la bendición y te salva.
Todo bien, pero a esta altura estoy convencido de qué, o es mafioso o es bueno, las dos cosas juntas no se pueden.
Quiero decir, entiendo la ternura y la compasión que puede provocar alguien que por el lugar de donde viene, por su condición orillera y anti-estatus qúo, vive entre los límites de la legalidad.
El asunto es cuando ese alguien adquiere un poder excesivo, reina, divide y presiona, a la vista de todo el mundo y con dineros públicos.
Pa mi que ya es mucho.
Cuando hay actitudes mafiosas, hay alguien que pierde, seguro.
¿Y el resto de los carnavaleros y carnavaleras? ¿En qué estamos?
Después de más de 40 años de solo protestar por la organización y la falta de tablados y todo eso, tenemos un sindicato, que tímidamente hemos construido.
Este sindicato es una herramienta para forjar un cambio y torcer un poco las cosas.
Los carnavaleros tenemos un gran defecto, o una costumbre odiosa, y es que todos y todas protestamos mucho por muchas cosas, pero cuando alguna protesta de alguno de nosotros se hace un poquito más escuchada, el resto, en lugar de hacerse eco y apoyar, inmediatamente empieza a protestar contra la protesta, con frases fabulosas como “Ah, protestas por esto pero te olvidas de aquello”, o “Acordate que para protestar por eso hay que protestar por esto o lo otro”, en una especie de “Que el letrista no se olvide” de la protesta.
Lo hacemos casi todos y todas, creo que es un efecto colateral del concurso, y estaría bueno no hacerlo más.
El sindicato ahora es flor de herramienta, hay que poblarlo y sostenerlo, y acordarse todos los días de que, si existe un sindicato con “obreros” del carnaval, es porque del otro lado hay una patronal con patrones y dueños del carnaval.
Particularmente, aspiro a un carnaval con distintos colectivos, conjuntos, grupos, agrupaciones, asociaciones y federaciones, más que con patronales y sindicatos.
Donde las instituciones públicas fomenten y regulen a favor de la igualdad de participación.       Donde los y las que le ponen el cuerpo a los tablados, al canto, a la pintura, a los disfraces, a la música y las letras, puedan tener voz y voto en las decisiones de la fiesta, y puedan llevarse un jornal digno por hacer bien lo que les gusta sin tener que andar a los codazos y las patadas entre los iguales por hacer un tablado de más, o ganar un premio que nos permita figurar y hacernos de un pesito más que el otro, mientras cuatro vivos se la llevan en camiones llenos de brillantina.
Perfectamente, el carnaval puede prescindir de la figura de “dueño”, aunque obviamente, después cada grupo se organice como le dé la gana.
Pero tenemos que entender que el concurso y la televisación se comieron todo.
Un grupo de jóvenes tienen muy difícil el acceso, a los conjuntos que no tienen buenos resultados se les hace muy difícil recomponerse, seguramente se desintegren, y de su desbande se nutran los conjuntos que tienen más dinero y la fórmula de propuestas más “aceptadas”, manteniendo la rosca de los conjuntos grandes contra los chicos.
Imaginen lo mismo, o peor, para un grupo compuesto por mujeres.
Los jurados, amparados por el reglamento, colaboran todos los años en ampliar esa distancia y mantener las formulitas que la sustentan, y de paso asegurarse su trabajo para el año que viene.
Los auspiciantes, oficiales o privados, lógicamente, prefieren cada vez más publicitarse en las grandes vidrieras (Teatro de Verano, grandes tablados y sobre todo televisión), dejando de lado a los conjuntos que cada vez más van a precisar acceder a esas grandes vidrieras para subsistir y no desaparecer, en una rosquita agotadora y eterna.
Hace falta una decisión política (o varias).
La Intendencia debe abrir ese camino (el intendente, sus directores, el Frente en general), ponerse los pantalones, poner los huevos y los ovarios arriba de la mesa, o como quieran llamarle, y permitir la realización de un carnaval o varios carnavales, libres de obligaciones para con una sola institución.
Desde adentro de Daecpu es muy difícil, y no sería necesario si la intendencia hace lo que tiene que hacer.
Repartir el juego, abrir la cancha. Una buena restructura de la organización del carnaval oficial que creó y financia.
Ahí sí, la pandemia o lo que sea, va a ser un obstáculo que entre todos y todas podremos sortear. De lo contrario, es probable, que el problemita del carnaval al FA le termine explotando en la cara, ya demasiado tarde (puede ser que esté exagerando un poco, lo puse para ver si les toco el corazón y su alarma política.
No, guarda en serio, eh?, miren que Laura Raffo se viene con tutti.
Estas palabras, no pretenden tener la posta, la verdad de la milanesa.
Solo pretenden aportar desde la visualización de lo que para mí es el gran problema.
Está abierto a la duda y la discrepancia. (¡ojalá alguien venga y me desmienta algo!)
Resumiendo, la Intendencia tiene que ordenar las cosas, llamar y hablar con todos y todas, proponer nuevas formas, y por qué no, barajar y dar de nuevo.